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Adicciones conductales o adicciones sin sustancias

    Llamamos adicciones conductuales a aquellas en las que determinadas conductas que cumplen unas características muy determinadas son capaces de estimular al cerebro de una forma especial, produciendo finalmente también cambios en su forma de funcionar, que producen finalmente la adicción. Entre las adicciones conductuales encontramos: la ludopatía, la , la adicción al sexo pero también la adicción a Internet o a los móviles. Es curioso que en las pruebas de imagen se encuentran alteraciones similares en las adicciones conductuales que en las adicciones a sustancias.

    El concepto de adicción siempre ha ido unido al de sustancia, sin embargo cada vez se acepta más la idea de adicción sin sustancia (juego patológico, adicción a las compras, etc.).  Casi cualquier conducta placentera es susceptible de convertirse en adicción, pero no se trata de satanizar algunos placeres, sino de ser cautos a la hora de realizarlas en exceso, o incluso de liberarse de algunas conductas y costumbres de las que algunas personas se esclavizan más fácilmente..  De esta manera, siempre ha habido adicciones sin sustancia, pero es actualmente cuando está más en boca de los profesionales debido a que cada vez son más los sujetos que demandan atención especializada debido a los problemas consecuentes que se derivan de estos abusos.

    Pero cómo delimitar la línea que separa una conducta hecha por mero placer de realizarla y una conducta que se realiza por adicción.  La adicción-no adicción no es una dicotomía separados en polos opuestos, sino más bien un continuo.  Digamos que una afición se convierte en adicción cuando pasa a ser  dañino, persiste su uso irracional a pesar de los inconvenientes que acarrea o se sufre si no se puede tener (abstinencia), se pierde la capacidad de controlar la conducta a voluntad, se convierte en un deseo constante y en casi una obsesión y se pierde el interés por otro tipo de actividades.  (Susana Fernández, psicóloga).

    Estas adicciones también se han llamado por los distintos autores conductas adictivas, adicciones comportamentales, adicciones psicológicas, adicciones sin drogas y  nuevas adicciones.

    Tal y como expone Echeburúa, no se trata de atribuir rasgos patológicos a conductas habituales o saludables, ni de psicopatologizar la vida cotidiana, sino de señalar cómo algunas conductas normales pueden llevarse a cabo de manera no saludable, según la intensidad con que se haga, la frecuencia, la cantidad de tiempo  y de dinero invertido, y sobre todo, en función del grado de interferencia en las relaciones familiares, sociales, laborales de las personas.

Las dependencias pueden ser de 3 tipos:

De las cosas (objetos, o drogas químicas...)

De otros seres (humanos o animales), son las llamadas dependencias emocionales

De sí mismos (de las costumbres, los hábitos, las “manías”)

     Entre las grandes diferencias habidas entre las adicciones tóxicas y las no tóxicas están:  el síndrome de abstinencia es más persistente y más difuso en las adicciones conductuales, en las adicciones conductuales la motivación para el tratamiento es mayor, la poliadicción  es más habitual en las tóxicas.

 Jesús de la Gándara Martín (2000) habla de varios tipos diferenciados de adicciones:

Relacionadas con la ingesta:            

Ingesta nutritiva.  Lo que diferencia la sobreingesta compulsiva del mero comer mucho es la voracidad (no se saborean los alimentos), la existencia de “alimentos prohibidos” que habitualmente no se ingieren y que se comen de manera voraz durante los atracones, la existencia de pensamientos reiterativos sobre la comida durante las horas en que no se está comiendo y la sensación de pérdida de control.  Lo que diferencia la adicción a la comida de la bulimia es:  en la bulimia hay conductas purgativas, distorsión de la imagen corporal y preocupación morbosa por el peso, sin embargo en la adicción a la comida no hay estos elementos, a lo más una insatisfacción con el peso corporal.

Se pueden ver:  personas enganchadas a los dulces, al chocolate, Lácteos:  por ejemplo la persona que no puede dormir sin tomar un vaso de leche, Frutos secos: comer pipas compulsivamente y no poder parar, chicle, sustancias no alimentarias  como arena (geofagia), heces (coprofagia), orina (urofagia), hielo.

Adicción al sexo:   Consiste en practicar el sexo de forma mecánica y breve con personas      anónimas, de forma no placentera y seguido de sentimientos de culpa, hay interferencia en la vida cotidiana y síndrome de abstinencia.  Los síntomas alertadores de una posible adicción al sexo son:  fantasías sexuales abundantes y no controladas, conductas sexuales anónimas, múltiples y breves, sexualidad comprada, acoso sexual en el trabajo.  Afecta sobre todo a hombres, se confunde el amor con el éxtasis sexual, y el sexo llega a convertirse en la única vía para conseguir una gratificación personal y afectiva, el sexo se concibe como una cadena de penetración-eyaculación, sin que exista caricias o ternura., la vida sexual se vive en secreto y con sentimiento de culpa y vergüenza.

Parafilias:  fetichismo, fetichismo transvestista, pedofilia, sadismo, masoquismo, exhibicionismo, voyeurismo, frotteurismo, necrofilia, zoofilia, coprofilia, claismafilia, urofilia, uso del sexo telefónico, adicción a la pornografía.

Agresividad:  Por ejemplo en el Trastorno explosivo intermitente.  La diferencia fundamental con la trastorno antisocial de la personalidad es la existencia de sentimiento de culpa y arrepentimiento.

Compras: La compra impulsiva podría definirse como una conducta no planificada, irreflexiva y repentina que se lleva a cabo sin una adecuada evaluación cognitivas de las características del producto o de las consecuencias futuras de la compra, en la que predomina la emocionabilidad en vez de la racionalidad, que se experimenta en un estado de descontrol o desequilibrio psicológico y que, en definitiva, produce satisfacción inmediata de necesidades.  Esta adicción se sitúa a 3 posibles niveles.  Las personas cuyo eje central en sus vidas es ir de compras, las personas que tienen una constante necesidad de adquirir cosas nuevas, y las personas enganchadas al crédito.  La gratificación principal no está en lo adquirido sino en el mero hecho de comprar.   Los objetos comprados preferidos por los hombres son material informático, vídeos y dvds, equipos de música y accesorios de coches, todos ellos relacionados casi siempre con el ocio y el tiempo libre.  En las mujeres los objetos típicos son:  cosmética, ropa, zapatos y bolsos, lencería y joyas. Objetos todos ellos relacionados casi siempre con la autoimagen y la apariencia.  La compra por catálogo es más típica en las mujeres. En ambos sexos lo habitual es la compra en grandes almacenes.   Habitualmente se pierde interés por los objetos adquiridos una vez hecha la compra, de manera que el destino final de los objetos suele ser escondidos y acumulados sin desenvolver, regalados, devueltos, destruidos, vendiéndolos, etc.  Suelen preferir comprar a solas.

       La compra compulsiva está estrechamente  asociado al trastorno por atracón  (Faber, 1995).   Entre el 60 y el 80 % de los adictos a las compras son mujeres (según el autor).  La edad de inicio se sitúa alrededor de los 18 años. Mientras que la edad promedio en la que se solicita tratamiento está entre los 30 y los 40 años.   La adicción disminuye a medida que aumenta la clase social.   La media de episodios semanales es de 3.   El índice de prevalencia de esta adicción se sitúa, según los distintos países y estudios, entre un 2 y un 8 % de la población.

    Los distintos estudios realizados han puesto de manifiesto la existencia de un perfil e personalidad caracterizado pro elevada ansiedad, episodios recurrentes de depresión, impulsividad, baja autoestima y acusado materialismo ( Rodríguez Villarino, 2001).

Trabajo:  Lo que distingue a un adicto no es tanto el número de horas dedicadas al trabajo, sino la actitud con que se implica en las tareas profesionales, suele ir asociado a una pauta comportamental de autoritarismo incluso en el ámbito familiar, suele haber ideas sobrevaloradas acerca del dinero, el poder y el éxito profesional, soledad y aislamiento afectivo, suele también asociarse al abuso de alcohol y estimulantes y a las comidas copiosas.  El perfil del adicto al trabajo es coincidente con  lo que llamamos patrón de conducta A:  Interés excesivo por conseguir objetivos, deseo de competir, necesidad de reconocimiento social, propensión a  acelerar la ejecución de cualquier tarea, , estado constante de alerta física y mental.

Internet:  Las características que diferencian el uso normal del patológico son.  Privación de sueño, descuidar o abandonar otras actividades importantes, recibir quejas por el uso de la red (por parte de un familiar o del jefe), pensar en la red cuando no se está conectado, comprobar el correo electrónico varias veces seguidas, tratar de limitar su uso sin éxito.

Otras posibles adicciones comportamentales son:  Coleccionar, televisión, zapping, videojuegos, radio, teléfono, móvil, llamadas 906, lectura o libros, actividades artísticas, dinero, éxito, bolsa, Deportes de riesgo, culturismo (vigorexia), recorrer calles en busca de emoción, cleptomanía,, piromanía, tricotilomanía, onicofagia, pseudología fantástica (mentir), síndrome de Munchausen (asumir papel de enfermo) que es un tipo de trastorno facticio, peregrinar (síndrome de Stendhal) que es una manera de viajar con significado religioso o espiritual,  religión.

    Todo este tipo de conductas adictivas suele ir asociado en la mayoría de las personas a un mecanismo psicológico de negación por el que el sujeto trata de quitar importancia al interés o al deslumbramiento suscitados en él por la conducta,, hay también un intento de autojustificación y de convencimiento a los demás por medio de una distorsión acentuada de la realidad,  es el momento en que el sujeto comienza a realizar la conducta a escondidas.

 Variables personales asociadas a las conductas adictivas: 

    La Búsqueda de sensaciones ha sido un concepto muy unido tradicionalmente  al de adicción comportamental y tóxica.  Los  diferentes estudios han constatado que efectivamente existe una correlación positiva entre las puntuaciones obtenidas en las escalas de búsquedas de sensaciones y las conductas adictivas.  Las conductas típicas de la búsqueda de sensaciones son conductas de riesgo, conductas ilegales, conducción temeraria, deportes de riesgo, etc.

    Impulsividad:  Las personas con algún tipo de adicción comportamental suelen puntuar alto en las escalas que miden la impulsividad.  En contra de lo que habitualmente se cree, las adicciones comportamentales tienen un carácter impulsivo, más que compulsivo.  En el impulso hay un matiz de placer y es egosintónico.  Sólo en raras ocasiones estas conductas adquieren tal intensidad que se perciben como ajenos a la personas (egodistónico)  y no gratificantes (matiz compulsivo).

     Depresión:  Es ya clásica la relación existente entre estados de ánimo depresivos y conductas adictivas. Sin embargo la dirección de la relación causal aún realmente está sin determinar.

     Baja autoestima:  Al igual que en la depresión, aún no se ha podido establecer con claridad es la relación causal entre adicción y baja autoestima.

    Ansiedad: Los sujetos que presentan un diagnóstico positivo de adicción conductual suelen presentar también altos niveles de ansiedad, e incluso la prevalencia de los diferentes trastornos de ansiedad es mayor en este grupo que en la población general.

    El tratamiento de este tipo de adicciones supone siempre un problema importante. Esto se debe a dos razones:

1. Las personas que sufren adicciones conductuales suelen estar más predispuestas a tener adicciones que el resto de personas. Aunque esto es también válido para las adicciones a sustancias, se cree que en las adicciones conductuales sucede en un grado más importante.  Casi todo el mundo que consume cocaína puede hacerse cocainómano, pero hay que ser especialmente vulnerable para hacerse adicto al móvil…

2. Las sustancias adictivas (cocaína, cánnabis…) pueden alejarse de una forma relativamente sencilla de la vida de una persona. Pero es muy difícil hacer esto con las conductas implicadas en adicciones. No se puede tratar la adicción al sexo con la abstinencia total. Una persona adicta a Internet quizá no puede renunciar al uso de un ordenador en pleno siglo XXI debido a las exigencias de su trabajo o de su forma de vida.

    Por estas razones, el tratamiento de las adicciones conductuales difiere un poco si lo comparamos con el tratamiento general. En lo posible hay que controlar la conducta mediante límites externos. Por ejemplo, un ludópata solicitará control de su familia para el manejo del dinero en efectivo. De nuevo la psicoeducación, la prevención de recaídas y la terapia de grupo son muy importantes en este tipo de adicciones. En cuanto a los fármacos, el panorama aquí es menos optimista. Hay medicamentos que disminuyen la impulsividad y pueden ser interesantes si realmente hay un componente impulsivo en la conducta, pero esto no siempre es así. Para el resto de casos, aunque en ocasiones concretas pueden ayudar, no se conocen actualmente fármacos claramente eficaces.

    Si en el resto de adicciones es muy importante que el profesional que las trate sea experto en el problema, en el caso concreto de las adicciones conductuales es todavía más importante si cabe, ya que quizá nos enfrentamos a una de las adicciones de tratamiento más difícil.

 

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