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Mujer y adicciones

Diferencias de Género

El enfoque de género

    El género hace referencia a la construcción cultural de lo femenino y lo masculino. De este modo, sería femenino todo lo relativo a la reproducción, la crianza de los/as hijos/as, las tareas del hogar, el mundo afectivo y el desempeño en el ámbito privado; sería masculino cumplir las funciones de jefes de hogar, de proveedor económico, pertenecer al mundo público y ocupar posiciones de conquista y jerarquía; también se considera terreno de lo masculino la trasgresión a ciertas normas, lo que va aparejado a la posibilidad de innovar, descubrir y cambiar el mundo. El enfoque de género se fundamenta en la idea de que lo femenino y lo masculino

     El enfoque de género se fundamenta en la idea de que lo femenino y lo masculino son una construcción cultural derivada del modo en que han sido percibidas y vividas las diferencias biológicas. El ordenamiento de género de cada sociedad determina un conjunto de percepciones y pautas de comportamiento obligadas, permitidas y prohibidas, para hombres y mujeres, que se transmiten a través de los diferentes espacios de socialización, tales como la familia, la escuela, los medios de comunicación, etc.

     Las mujeres aprenden a ser afectivas, intuitivas, sumisas, maternales, preocupadas por los otros y, los hombres, racionales, dominantes, fuertes e independientes. Estos roles estereotipados determinan que la estructura de poder favorezca al género masculino y que cualquier intento de cambiarla desencadene sanciones que pueden llegar a incluir conductas agresivas.

     La identidad de género no es natural, es una producción cultural que puede modificarse. Ésta se gesta a partir de procesos de socialización de hombres y mujeres a lo largo de sus vidas. Según palabras de Rosaldo, en nuestra sociedad “el lugar de la mujer en la vida social humana no es producto, en sentido directo, de las cosas que hace, sino del significado que adquieren sus actividades a través de la interacción concreta. Para alcanzar el significado, debemos considerar tanto a los sujetos individuales como a la organización social y descubrir la naturaleza de sus interrelaciones, porque todo ello es crucial para comprender cómo actúa el género”1.

     El impacto de la construcción de género sobre la salud de las mujeres, podría explicarse a través de dos niveles fundamentales: el individual y el social. En el primero, a través del efecto del proceso de socialización, que reproduce paradigmas culturales de feminidad y masculinidad sexistas, a partir de los cuales se promueven actitudes y comportamientos de riesgo diferentes para la integridad física y mental de hombres y mujeres. En el nivel social, las condicionantes de género actúan a través de la división sexual del trabajo -practicada por las instituciones económicas, religiosas, familiares, educativas, sanitarias, etc.- y la valoración diferencial asignada a esas actividades en términos de prestigio y remuneración. Esta valoración se aplica por extensión a las personas que las desempeñan y termina por traducirse en una asignación también diferencial, de acuerdo con el sexo, de los recursos familiares y sociales necesarios para la promoción y protección de la calidad de vida y la salud de cada persona.

     El enfoque de género demanda reconocer la importancia de la cotidianidad de lo privado y lo familiar, espacios en los que transcurre gran parte de la vida de las mujeres -y una parte de la vida de los hombres-, como espacios donde tienen lugar las prácticas de socialización, de salud y de reproducción social.

 1 En: Madrigal, Enrique, “Patrones de consumo y dependencia del alcohol y de sustancias psicoactivas en la mujer”. OPS

Diferencias entre hombre y mujeres - Etiología del uso y abuso de drogas en mujeres -

     Es evidente que ser mujer y presentar un consumo problemático de drogas, constituye un desafío a los estereotipos sociales y culturales de una sociedad sexista. Algunos autores plantean que, en relación con los hombres, las mujeres con problemas de drogas tienen la tendencia a experimentar un estigma que es más estresante y más destructivo que el que sufren ellos. Así, además del estigma asociado a ser “mujer adicta”, desde su espacio privado, ésta es mal juzgada en el ejercicio de su rol materno (no brinda el cuidado socialmente esperado a sus hijos/as) y, desde lo público, es vista como alguien que no es capaz de controlar su situación familiar, por tanto, alguien en quien no se puede confiar desde otros ámbitos, como el laboral, por ejemplo.

     Muchas veces, para una mujer con consumo problemático de drogas, algunos temas, tales como las tensiones al interior del hogar, la violencia en la familia, la no valoración de su aporte social, la tendencia a ubicarse en un lugar secundario y/o postergado –conflictos, en su mayoría, derivados de su rol sexual-, son temas que adquieren una importancia central en el proceso de su dependencia y, generalmente, no son considerados en su proceso de tratamiento.

     Por otra parte, las mujeres normalmente no cuentan con la misma comprensión,  oferta de ayuda y acompañamiento familiar que los hombres, incluso, en algunos casos hay oposición explícita de sus familiares y/o pareja para que reciba algún tipo de atención. Ello se ve reforzado por el hecho de que las mujeres con dependencia están mucho más expuestas a ser sancionadas y criticadas socialmente, porque, de acuerdo con la socialización sexista, consumir drogas, alcohol y otras conductas transgresoras y/o disruptivas, está más asociado con lo masculino. Lo anterior agrava el aislamiento de las mujeres, quienes, para evitar ser estigmatizadas, tienden a ocultar su problema, a no pedir ayuda o a postergar el pedirla.

     Según plantea Ana García, “la importancia de las relaciones para la identidad femenina, la necesidad de conexión y el miedo a la desconexión (en especial respecto a la pareja) es un factor de riesgo para el uso de sustancias. La tendencia a sostener y cuidar los vínculos (extensión del rol materno) persiste en las mujeres adictas, mientras que los varones en esa situación en general ‘se van’ o delegan el cuidado y acompañamiento en otros familiares (en general otras mujeres)”.

     Otra diferencia se observa en la forma de respuesta del otro/a en la relación de pareja. Habitualmente, cuando el consumidor es hombre, su pareja (mujer) a menudo permanece a su lado, haciéndose cargo de los/as hijos/as e, incluso, participando en su proceso de rehabilitación. Una mujer que consume drogas, en cambio, frecuentemente es abandonada por su pareja y los/as hijos/as quedan al cuidado de terceros.

     Algunos autores han destacado acontecimientos ocurridos en la niñez y los relacionados con la vida familiar como parte de la génesis del abuso de drogas. La presencia de patologías en la familia, ruptura de lazos, pérdidas, separaciones, conflictos matrimoniales entre los padres, historias de alcoholismo y/o drogadicción y altos índices de violencia y abuso sexual son situaciones frecuentes vividas por las mujeres consumidoras de drogas.

     Similarmente, parece existir una predisposición mayor a las dependencias en las mujeres con trastornos afectivos de índole depresiva con componentes de trastorno de pánico, que la observada para otros problemas emocionales o estrés. El uso y abuso de psicofármacos prescritos con receta, en el caso de las mujeres, ha sido asociado con estados de tensión y problemas de salud mental. El hombre busca con más facilidad este alivio en el alcohol, pero el ingreso de la mujer en el mundo de la competencia, el estrés y los medios sociales que permiten el consumo del mismo, han hecho que estas diferencias sean cada vez menores.

 En relación a trastornos alimentarios y consumo de sustancias psicoactivas en mujeres, se observa:

Tipo de drogas usadas en esta población: anfetaminas, laxantes, efedrina, cocaína, cánnabis, alcohol, éxtasis, extractos tiroideos.

El abuso y/o dependencia a sustancias en mujeres con trastornos alimentarios, suele ser de mal pronóstico.

Mujeres anoréxicas con comilonas y purgas, consumen más sustancias psicoactivas que las restrictivas.

Personas con bulimia y problemas por consumo de drogas, tienen características temperamentales comunes, tales como, búsqueda de sensaciones y alta impulsividad.

     Hay estudios, en relación a abuso de alcohol, refiere que es más prevalente en aquellas que presentan trastornos alimentarios, particularmente bulimia. También arroja el dato que el 50% de las mujeres adictas a cocaína han reportado su uso para controlar el apetito.

    Se observa que existe asociación con antecedentes de trastornos postraumáticos y depresión mayor.

    El consumo de éxtasis se ha asociado con alta probabilidad de sufrir depresión, psicosis, dificultades cognitivas y bulimia en un 53% de la población de usuarias.

    Si la dependencia a sustancias es previa al trastorno alimentario, hay mayor comorbilidad y por lo general la dependencia es a policonsumo.

    En un intento por avanzar hacia el reconocimiento de factores asociados al consumo de drogas en las mujeres, una investigación recientemente realizada en España por el Colegio de Psicólogos de Las Palmas, determinó, entre otros, los siguientes:

Problemas sexuales.

Desestructuración familiar. Ausencia de atención paterna, madres solteras, falta de cuidado, de seguridad y confianza. Son familias con un‘“estilo de crianza inconsistente, de distanciamiento emocional de los padres, con violencia familiar y sexual”.

Violencia y pobreza.

Tendencia de las mujeres a exteriorizar sus problemas a través de dolencias físicas tratadas a través de médicos (búsqueda de recetas).

Anatomía y constitución corporal. Por su peso corporal, las mujeres necesitan menores cantidades de sustancia para llegar al mismo grado de intoxicación que los hombres, ya que tienen menos agua y más tejido graso, además de diferencias metabólicas.

Grupo social al que pertenecen. El estado civil y la edad de una mujer influyen en la determinación de consumir alguna sustancia.

     Según lo referido en el Manual de Atención con Perspectiva de Género “Las mujeres y las drogas”, publicación de la Unidad de Tabaco, Alcohol y Drogas del Ministerio de Salud, 2000, los factores de riesgo asociados al uso de alcohol y drogas en la mujer serían:

Desintegración de la familia.

Constantes conflictos de pareja, percepción de no ser apreciada por ésta.

Sentimiento de sobreexigencia frente al desempeño de una doble jornada laboral, sin contar con apoyo suficiente.

Sentimiento de que su trabajo en el hogar no es reconocido.

Crisis de identidad que aparece cuando los/as hijos/as se independizan.

Insatisfacción en sus relaciones sexuales y afectivas.

Aislamiento de actividades sociales y recreativas sanas, utilización inadecuada del tiempo libre.

Falta de oportunidades para capacitarse y desarrollarse.

Realizar actividades frustrantes y de escaso prestigio.

Sensación de soledad y vacío.

Presión del hombre hacia la mujer para hacerla compañera de fiestas o para seducirla.

Temor a ser rechazada por compañeros de trabajo o amigos que consumen y abusan frecuentemente de otras drogas.

Amistad con personas que trafican drogas.

Desconocimiento acerca de los daños que el licor y otras drogas producen en el organismo.

Modelos de identificación superficiales, deseos de adelgazar.

 Entre las motivaciones personales de las mujeres hacia el consumo (referidos en el manual anteriormente mencionado), se han encontrado:

Estar a gusto, sentir placer.

Aumentar la capacidad de trabajo.

Disminuir el estrés.

Aumentar la sociabilidad y disminuir la timidez.

Evitar el sentimiento de soledad y vacío.

Evitar sentir tristeza, dolor o frustración.

Evitar la ansiedad o el nerviosismo.

Disminuir el sentimiento de minusvalía.

Ser aceptada o valorada por la pareja.

Acompañar a la pareja.

    A partir de lo anterior, entonces, se pueden evidenciar diferencias entre hombres y mujeres consumidoras en la manera de vivir la experiencia, las razones para usar las drogas, sus problemas psicosociales y sus necesidades de respuesta.

Inicios, Efectos y Consecuencias del consumo de Drogas

    Cualquier comportamiento humano, incluida la dependencia a drogas, tiene su origen en la interacción de una serie de elementos que influyen de manera constante entre sí.

     En el caso concreto de las dependencias, éstas resultan de la acción conjunta de tres grupos de factores: una sustancia con determinadas propiedades farmacodinámicas, las características personales del sujeto que las utiliza y la naturaleza del contexto sociocultural en el que se produce ese consumo.

     El peso específico de los diferentes elementos, los respectivos parámetros que los definen y sus constantes influencias, variarán según los diversos momentos históricos y culturales.

     No existe un único motivo para iniciar y mantener el consumo de drogas, ni una manera exclusiva de volverse dependiente a drogas. Siempre se da la interacción de diversos factores y sólo a partir de la consideración de los tres vértices del mismo triángulo: sujeto, sustancia y contexto, se puede alcanzar una visión real del problema2

 Elementos de la triada

La sustancia: Tiene que ver con los distintos tipos de sustancias, la cantidad y frecuencia con que se consume, las vías de administración que utilizan para suministrárselas, si existen consumos asociados (policonsumo), el nivel de accesibilidad y disponibilidad, etc.

El sujeto: Hace referencia a dos dimensiones básicas de las personas: una psicológica y otra física, y cómo estos elementos interactúan con las distintas sustancias. Desde el punto de vista psicológico, importan elementos tales como la motivación, las características de personalidad, factores de vulnerabilidad o de riesgo que puedan hacerlo más propenso o proclive a generar alguna dependencia, trastornos de la conducta, etc. En el ámbito físico, importan elementos tales como el sexo, la edad de las personas, la contextura física, la influencia de la sustancia específica en el organismo, etc.

El contexto: Son las características socioculturales del ambiente en que se desarrolla el consumo, tanto del medio cercano del sujeto, como la familia (calidad de las relaciones, expresión de afectividad, modelos familiares, estilo de comunicación, normas y límites, etc.), el grupo de pares (valores y actitudes hacia el consumo) y la institución a la que pertenece, como del medio macrosocial geográfico y cultural (la existencia de culturas de consumo de ciertas sustancias, es decir, el significado cultural que determinados grupos dan al consumo, generando, a través de éste, cohesión de grupo, expectativas de felicidad y otras significaciones), la aceptación o sanción social, leyes y disponibilidad (esta última se refiere al tráfico y microtráfico; la oferta y facilidad de acceso a la droga que existe en determinadas poblaciones). Todas las características anteriores influyen en la forma en que se desarrolla el fenómeno del consumo y/o la dependencia a las drogas3.

Efectos físicos del consumo de alcohol en la mujer

     El alcohol es la sustancia de la que más abusan las mujeres en el mundo. Se trata de una droga depresora, que adormece el sistema nervioso central. Una vez que el alcohol entra en la sangre, llega a todos los órganos del cuerpo en minutos. Las mujeres absorben y metabolizan el alcohol de manera diferente a los hombres. Comparadas con ellos, las mujeres tienen más tejido graso, menos músculos y sangre y menos cantidad de enzimas metabolizantes del alcohol. Estos factores provocan que, generalmente, las mujeres tengan mayor concentración de alcohol en la sangre después de beber la misma cantidad de alcohol que los varones4.

     El resultado más dramático del uso de alcohol es el impacto que tiene en el cerebro, dado que deprime los centros cerebrales responsables de ciertas funciones, por ejemplo, el área que controla las funciones vitales como la respiración y el latido del corazón; otras áreas del cerebro controlan las habilidades motoras, la visión y el juicio. Una persona sobria tiene el completo control de estas áreas. Cuando los niveles de alcohol se elevan en la sangre, el cerebro se vuelve cada vez más sedado; las funciones mentales son las primeras en afectarse. El alcohol altera la capacidad de juicio y puede hacer que la persona pierda el control, arriesgándose a vivir situaciones peligrosas.

     Con frecuencia, las personas hacen cosas que normalmente no harían estando sobrias; para algunas, esto puede ser hablar de más o ser más sociables, pero también puede ser que tenga consecuencias hasta mortales. Con el juicio alterado por el alcohol, las mujeres con frecuencia se involucran en situaciones y relaciones peligrosas (accidentes, violencia, encuentros sexuales sin protección o no deseados, etc.).

El alcohol y el cerebro

     Dependiendo de la cantidad de alcohol que bebe una persona y la frecuencia con que lo hace, el daño puede ser temporal o permanente en el cerebro.

     Las áreas afectadas influyen en la memoria, en la solución de problemas, en el juicio, la conducta, la diferenciación del dolor y el placer y en la coordinación y regulación de todos los sistemas del cuerpo.

     Se ha demostrado que las mujeres que abusan del alcohol, sufren de disfunciones cerebrales más pronto que los varones. Se ha descubierto que las partes del cerebro que coordinan las funciones múltiples, son mucho más pequeñas que aquellas de las mujeres que no abusan del alcohol e, incluso, que la de los hombres que son alcohólicos.

El alcohol y el hígado

     Los efectos del alcohol en el hígado son más severos en las mujeres que en los hombres. Al beber en exceso, las mujeres desarrollan más pronto enfermedades del hígado, tales como hepatitis alcohólica y cirrosis, aun cuando beban menos que los hombres.

 El alcohol y el corazón

     El alcohol puede ocasionar alteraciones en el ritmo del corazón; si además se tienen otras enfermedades, como el endurecimiento de las arterias, puede aumentar el peligro de enfermedad coronaria.

El alcohol y la estructura de los huesos

     El alcohol puede interferir con el calcio y el metabolismo de los huesos al disminuir la presencia de las hormonas que ayudan al cuerpo a absorber, excretar y distribuir el calcio en todo el cuerpo.

    Las deficiencias del calcio pueden provocar enfermedades como la osteoporosis. Las investigaciones sugieren que los problemas de los huesos ocasionados por el consumo excesivo de alcohol, son reversibles parcialmente si se deja de beber.

 El alcohol, el sexo, la reproducción y el embarazo

     El alcohol interfiere con la producción normal de las hormonas femeninas. Se ha demostrado que los problemas menstruales, tales como dolor, sangrado intenso, grandes molestias previas al período y reglas irregulares o ausentes, son comunes en las mujeres que beben demasiado.

     Una mujer que abusa del alcohol, también puede presentar dificultad para alcanzar el orgasmo. Si además consume píldoras anticonceptivas y/o hormonas, su capacidad para metabolizar el alcohol se reducirá.

    Si la mujer está embarazada, al beber cualquier bebida alcohólica, ésta traspasará la barrera placentaria a través del cordón umbilical, alcanzando al feto. Por otra parte, el alcohol proporciona calorías al organismo, por lo que habitualmente disminuye la ingesta de alimentos, llevando a un deterioro en la cantidad de nutrientes requeridos para el desarrollo saludable del feto.

     Cuando una mujer embarazada consume alcohol, el período de mayor riesgo se encuentra en los tres primeros meses de gestación, pudiendo generarse malformaciones por efecto del consumo. En los meses restantes, el consumo de alcohol puede provocar abortos, nacimientos prematuros o recién nacidos con bajo peso.

     Se ha comprobado la aparición de un cuadro denominado síndrome alcohólico fetal en los/as hijos/as de madres con dependencia al alcohol, que han consumido durante la gestación. Se caracteriza por cabeza y cerebro más pequeños que lo normal, cara reducida y ojos pequeños, alteraciones en los dedos, anomalías en el corazón y en los órganos genitales, bajo peso y desnutrición, retardo mental, etc.

Efectos físicos del consumo de drogas ilícitas en la mujer (marihuana, cocaína, pasta base de cocaína)

 Marihuana

    La marihuana es una droga que contiene más de 400 sustancias químicas. El ingrediente activo más potente es el tetrahidrocannabinol–9 (THC), que es soluble en grasa y no en agua. Debido a que nuestro cuerpo libera los desechos a través de los líquidos, orina, sudor y sangre, el THC no se libera rápidamente y encuentra su lugar final en las partes grasas del cuerpo, cerebro, pulmones, hígado y sistema reproductivo.

    Aunque la marihuana pareciera causar menos daño al niño en desarrollo que otras drogas, fumar demasiado sí causa daños. Los recién nacidos pueden sufrir de bajo peso, pueden tener el tamaño de la cabeza más reducido y presentar poca respuesta a los estímulos visuales.

 Cocaína y pasta base

     El clorhidrato (cocaína) y el sulfato de cocaína (pasta base) son poderosos estimulantes del sistema nervioso central, que provocan una rápida e intensa sensación de placer, acompañada de disminución del apetito, indiferencia ante el dolor y la fatiga e ilusiones de gran capacidad mental y placer sexual.

     La cocaína puede producir cambios en el funcionamiento de las células cerebrales de la mujer. Es un estimulante que hace que la actividad del cerebro se acelere, provocando que éste sea incapaz de enviar señales correctas al corazón y a los pulmones.

    Puede causar también ataques cardíacos, debido al esfuerzo excesivo del corazón. La cocaína provoca que los vasos sanguíneos de la persona se estrechen, ocasionando vasoconstricción, que supone un gran esfuerzo para el corazón y el sistema circulatorio.

     Habitualmente, el abuso de cocaína puede producir la aparición de síntomas depresivos, ataques de ansiedad, irritabilidad, síntomas paranoides (sentirse perseguido) y, en algunos casos, fenómenos alucinatorios y conducta violenta hetero y auto agresiva.

     La cocaína suele reducir las inhibiciones; aunque inicialmente se puede disfrutar de una actividad sexual más placentera, el resultado a largo plazo es que reduce el placer sexual. Algunos autores plantean que la cocaína puede alterar el funcionamiento sexual y, con el tiempo, los/as usuarios/as regulares de esta droga pueden sufrir no sólo de una fuerte pérdida del deseo, sino también de alteraciones en la función sexual.

    En las mujeres con consumo de clorhidrato de cocaína, se observa mayor predisposición que en el varón al rompimiento del tabique nasal, debido a la fragilidad de los tejidos.

    La mujer consumidora de sulfato de cocaína, o pasta base, en estado de embarazo, puede tener abortos espontáneos y/o nacimientos prematuros.

Efectos físicos del consumo de tranquilizantes (BZD) en la mujer

    Los/as consumidores/as de tranquilizantes experimentan un alivio moderado de la ansiedad y una sensación de bienestar, sin embargo, cuando se abusa de ellos pueden provocar alteraciones de la memoria, confusión y dificultad para pensar.

     Los efectos a largo plazo están asociados a dependencia y malestares físicos, tales como dolores de cabeza, trastornos del sueño, falta de motivación y ansiedad.

    Los tranquilizantes ansiolíticos son de alta prescripción en el mundo. Sin embargo, las mujeres son el doble de veces más consumidoras de ellos que los hombres.

    Las mujeres que consumen tranquilizantes están más predispuestas a sufrir accidentes o intoxicaciones si los mezclan con alcohol (práctica de observación frecuente entre las mujeres).

    Los/as hijos/as de mujeres que consumen tranquilizantes, pueden nacer con dependencia a los mismos, y/o sufrir problemas respiratorios. El abuso de tranquilizantes durante el embarazo, puede provocar deformaciones en la cara y anomalías cerebrales. Los rasgos faciales pueden parecerse a aquellos que presentan los recién nacidos con síndrome alcohólico fetal.

     Es particularmente complejo el abuso de tranquilizantes, dado que la mayoría de estos consumos se inician tras una prescripción farmacológica recetada para aliviar síntomas de algún trastorno psicológico, existiendo en la mujer la tendencia a negar el consumo abusivo, debido al motivo inicial de su uso.

 

2 Marco conceptual para la prevención y el tratamiento de las drogodependencias. Documento de trabajo. çrea Técnica CONACE 2002.
3 Idem.
4 Stephanie S. Covington, Ph. D., “Mujeres en recuperación. Entendiendo la Adicción”. Institute for Relational Development,

 

 

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